Por Encima de la Ciudad

Por Encima de la Ciudad
Marc Chagall

viernes, 26 de abril de 2013

Amor a primera vista.

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
—quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún «lo siento»
o el sonido de «se ha equivocado» en el teléfono—,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

W. S.

jueves, 4 de abril de 2013

Un paseo por Valparaíso.

Vengo de un cerro, uno de los tantos cerros de esta ciudad.
Dicen que son 42, yo creo que son muchos más, deben estar escondidos entre las nubes o bajo el mar.
En esta ciudad se corre calle abajo y se sube saltándose los peldaños de sus escaleras infinitas, al final no sé si son subidas o bajadas.
Todos los días me encuentro con un perro nuevo, al cual difícilmente volveré a ver.
Sigo caminando y me encuentro con gatos temerarios y choros, que duermen sobre los techos y se encaraman en las ventanas como los mejores trapecistas de un circo ruso o chino.
Estoy inserto en un mar de mitos y leyendas, me toca convivir con un Cristo que resiste terremotos, con una piedra que llama a la desgracia, con un hombre que le ganó la partida al diablo y con un francés que mataba al patrón para defender al obrero.
Yo soy choro del puerto, compro pan batido, uso salida de cancha, bajo al plan, juego al macha patá, abro el tollo, ando con la caña, como papapleto, me sacan los choros del canasto, me pongo la capa y calo por loreo.
Voy al Cinzano, compro libros en la Ivens, el Motemei me saluda en la calle, las plazas y sus leones, O'higgins, Victoria, Anibal Pinto, Echaurren y el parque Italia son mi descanso cuando ando a pata, Sotomayor cuida a Prat, el tiburón de Portales me asustaba cuando cabro chico, corro pa' buscar el volantín mientras grito "se jueeee", mientras tiendo la ropa miro como llega La Esmeralda y como se mueven los pequeños barquitos en la bahia, paso por el Atkinson, el Gervasoni y el Yugoslavo, me subo a los ascensores, recorro el puerto en el trole, estudio en la UPLA, amo el olor de la caleta el Membrillo, Las Torpederas me acompaña cada verano, quemamos al Judas, huelo a frituras, a pescao' y a meao', compro en el mercado, voy a la feria de las pulgas
Termino de escribir esto y me siento al lado del "negro" Farías a conversar de como amarra este puerto, de como se extraña al Gitano, del partido del Decano; el equipo más grande de Chile y de como seguiremos amando Valparaíso.
 

sábado, 30 de marzo de 2013

"Colón murió convencido de haber llegado a Asia, a Cipango y a Mago, de haberse aproximado a Catay y descubierto las Indias por la espalda. El error de brújula de Colón y su resistencia a romper los esquemas de la simetría trina, pensar que podía haber un cuarto mundo, crearon el primer problema de identidad. Reconocidas las nuevas tierras como Indias, los conquistadores que siguieron al navegante obligaron a los naturales a llamarse indios. Así dejaron de ser abipón, aimará, apache, araucano, auca, azteca, bayá, botocudo, ciaguá, calchaquí, calchín, calpul, caluma, camahua, canaco, caracará, caracas, carajá, carapachay, carapacho, cariaco, caribe, cario, cataubas, cayapa, cayapo, cayeté, chaima, charca, charrúa, chibcha, chichimeco, chontal, chuchumeco, chuncho, cocama, comenche, coronda, gandul, guaraní, iroqués, mapuche, maya, omagua, orejón, párparo, patagón, payagua, puelche, quechua, querando, quiché, quichuá, siux, taino, tamanaco, tapuya, tolteca, tupi o yumbo. Asi perdieron su identidad cultural y tribal, identificándose con el bárbaro: mismo nombre, mismo rostro, misma barbarie.
Porque los indios nunca han existido en América si no es en la imaginación del europeo. La identidad del indio no es otra cosa que una imagen impuesta. Ni un nombre racial ni tribal; simplemente la designación del vencido."

"Los cien nombres de América: eso que descubrió Colón". Miguel Rojas Mix.

viernes, 8 de marzo de 2013

Simplicidad.

Voy buscando, tratando de encontrar
los suspiros que dejé botados
las sonrisas y alegrías
que el viento y la tierra enterraron en el mar.

Hablo con los perros y no me dan señales
de los pedazos de vida que me han de faltar.
Trato de preguntarle a los gatos
pero demasiado ocupados están con las palomas
morosas arrendatarias de sus ventanales.

Subo escaleras, recorro peldaños, miro hacia el cielo
encuentro la huida de los pasajes sin salida
los pasadizos subterráneos que me llevan hacia China
converso con Neruda en La Sebastiana
bajo por Ferrari y sigo con mi ausencia.

¿Dónde lo dejé? me he de preguntar.
Ese vademécum literario, pasaporte nimbar
creador histórico de respuestas
donde Chagall y Rimbaud
escribieron sus por qués.

De vuelta a mi casa
te veo en un sillón.
Leyendo aquel libro de sueños
mientras cuentas mis suspiros
hilas mis sonrisas
y pegas mis sueños en papel.

Anonadado reviso mis bolsillos,
encontrando tu vida.



viernes, 9 de noviembre de 2012

Escrito en una trastienda.

En todos los puertos del mundo
descansa la noche
sobre los navíos oscuros
y reza su rosario de lunas
el viejo lobo curtido y silencioso.
Palomas de las músicas vagabundas
picotean los fanales encendidos.
Tu recuerdo ha hecho hueco en mi mano sin luz.
Ah, llegar a tu cabellera rubia como a un puerto final.

Atracan los astros
y detrás de los grandes murallones de sombras
luces multicolores se roban las miradas
y las estrellas son afónicas
como la voz de la violinista tuberculosa
cuya tos en el bar es obligatoria.
El alcohol anda en zancos y las mujeres canallas
Pasean su olor a polvo y su cansancio.

En todos los puertos del mundo

hay alguien que está esperando.

Hasta muy cerca de los navíos

salen los patios
y entran por los oídos de los marinos.
Un sabor dulce, un amargo sabor.
En todos los puertos del mundo
hay vagabundos como yo
que asoman al asombro lejano
el corazón, como un barquito en la mano.

Hay una calle, larga borrachera,

pedazos de noche dispersada
y cuando llega el alba roja y con su clarín
revuela pájaros alucinados,
en todos los puertos del mundo
hay alguien que está esperando.

R. G.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Invitación al vómito.

Cubrete el rostro
y llora.
Vomita.
¡Si!
Vomita,
largos trozos de vidrio,
amargos alfileres,
turbios gritos de espanto,
vocablos carcomidos;
sobre esta nauseabunda iniquidad sin cauce,
y esta castrada y fétida sumisión cultivada
en flatulentos caldos de terror y de ayuno.
Cubrete el rostro
y llora...
pero no te contengas.

Vomita.
¡Si!
Vomita,
ante esta paranoica estupidez macabra,
sobre este delirante cretinismo estentoreo
y esta senil orgia de egoismo prostatico:
lacios coagulos de asco,
macerada impotencia,
rancios jugos de hastio,
trozos de amarga espera...
horas entrecortadas por relinchos de angustia.

O. G.

martes, 2 de octubre de 2012

Lo pasado.

Los charcos de sopa
lamidos por gatos callejeros
amos y señores del inveterado hogar.
Los espejos maltrechos
de piezas quebrajadas
donde solia sentirse mi cálida voz.

La lluvia hiperboló las nubes
floreció de invierno sus cuadernos
destruyendo mis quimeras.
Pastos secos, enredados, descuidados
por la madre de albos cabellos
que rozó una vida que de a poco se marchó.

Fuimos testigos del diluyente temporal
rompiente asesino de coloridos ventanales
doblegados a Eolo, como niños pequeños.
La plata que aprieta, los precios vitales
monedas pesadas que quiebran
los panes mojados de tanto llorar.


viernes, 7 de septiembre de 2012

Se fue.

Pedaleando se le fue la vida
de barba y bigote blanco terminó
bajo un techo de naipes españoles.

Hojas blancas en amarillas transformó
escribiendo notas en su libro de recuerdos 
en la prehistoria de su revolución.

El vapor del café se disolvió en azúcar
en plena modernidad de su existencia
nacieron ideas añejas e ilustradas.

Colgaba zapatos, tiraba corbatas, limpiaba lentes
de memoria iba dibujando sus días
rutinarios, desgastantes al final.

Programó citas con su sombra
esperaba que llegara la correcta
mientras la vida sentado se le pasó.