Vociferé risas cuando me llenaron de besos las mejillas
era hermoso y algo tierno, o eso me decian
llevaba conmigo algunos rulos, que jugaban con el viento.
Tenía cartas, tazos y muchos juguetes: robots, superhéroes, animales y soldados -malditos soldados-
no podía aburrirme, era imposible
no me preocupaba ¿qué era preocuparse?.
Esperaba la lluvia, para ver los ventanales empapados
¿te acuerdas?, yo escribia mi nombre, y el de mi mamá.
Esperaba navidad, era rica la comida al cenar, solo ese día cenaba
era especial, por eso cenábamos ¿por qué más?.
¡Ah! por lo regalos -nunca me importaron-.
No había turgencia en las niñas -¿en qué pensaba?-
vendía mis juguetes, a cambio de dinero de mentira
fui pastelero, locutor de radio, músico, dibujante y fotógrafo.
mas, quería ser profesor.
No me daba vergüenza disfrazarme y salir asi a la calle
pero claro, tenía miedo de los payasos.
La tele era mi amiga cuando hacia frio
conversábamos de dibujos animados -nunca habló-
y la radio, la radio me cantaba, cantaba las canciones de papá.
Te recuerdo Amanda y Playa Girón sonaban siempre -eran buenas-.
La luna, la hermosa luna. Y sus compañeras, las estrellas
¿la luna?, ella me perseguia y siempre, siempre, me observó -cuidó-.
Rompí floreros, y lloré. Me enfermé, y lloré. Me caí, y lloré
Me retaron por desobediente, y lloré.
Mi mamá me amaba, y lloré.
Fui feliz, y lloré.
Lloro, y soy feliz.
Mañana sigo viendo las fotos.
"El arte es el esfuerzo incesante por competir con la belleza de las flores... sin triunfar jamás." Marc Chagall.
Por Encima de la Ciudad
Marc Chagall
miércoles, 7 de agosto de 2013
martes, 6 de agosto de 2013
Soñé contigo.
Entre sábanas caóticas que apretaban la sien
nos encontramos, tus ojos y los mios, mi boca y la tuya;
los sueños se asustaron de la realidad, sueños que hace poco;
le habian botado la reina a la vida, le habian escupido los zapatos a la muerte.
Escondidos de la nada, de la nada soy el maestro
el maestro de idiotas juglares que de risas poco sabian.
Las manzanas cayeron, golpearon al otoño
vendavales cubiertos de aserrín, rasgaron las almas
quemaron las guitarras, las cuerdas se salvaron
y la ausencia, la ausencia decía presente.
Qué terrible: la vida
Qué hermoso: la vida.
No nos preocupó el reloj, ni la lluvia, ni la luna
los diarios golpearon la puerta, la brisa los ventanales
los pasos de los duendes se hicieron comunes
mientras el cielo cómplice, jugaba brisca con el sol.
Incómodo, con dolor en la espalda, despierto;
impertérrito ante la vida y ante Cronos
con un libro de Lihn en la mano.
Te veo, y me miras
sonries, y sonrio.
Qué terrible: fue un sueño
Qué hermoso: soñé contigo.
nos encontramos, tus ojos y los mios, mi boca y la tuya;
los sueños se asustaron de la realidad, sueños que hace poco;
le habian botado la reina a la vida, le habian escupido los zapatos a la muerte.
Escondidos de la nada, de la nada soy el maestro
el maestro de idiotas juglares que de risas poco sabian.
Las manzanas cayeron, golpearon al otoño
vendavales cubiertos de aserrín, rasgaron las almas
quemaron las guitarras, las cuerdas se salvaron
y la ausencia, la ausencia decía presente.
Qué terrible: la vida
Qué hermoso: la vida.
No nos preocupó el reloj, ni la lluvia, ni la luna
los diarios golpearon la puerta, la brisa los ventanales
los pasos de los duendes se hicieron comunes
mientras el cielo cómplice, jugaba brisca con el sol.
Incómodo, con dolor en la espalda, despierto;
impertérrito ante la vida y ante Cronos
con un libro de Lihn en la mano.
Te veo, y me miras
sonries, y sonrio.
Qué terrible: fue un sueño
Qué hermoso: soñé contigo.
viernes, 2 de agosto de 2013
Muerte.
Recogiendo los vasos manchados con vino
me encontré con la muerte
me encontré con la muerte.
Nos miramos fijamente cuando la cólera le atacaba la retina
ojos negros y profundos, perdidos en la nada
parecidos a los de mi madre, muerta, muerta, muerta
me encontré con la muerte.
La noche tartamudeaba, el viento la complacía
con caricias frias y fúnebres, pero caricias de amor, y muerte.
Me preguntó por la vida, por mañanas, tardes y sombras
el tanato azaroso, temerario e insolente
el serafín de negro con sonrisa fulgurante
el hombre que en antaño fue feliz
me encontré con la muerte.
me encontré con la muerte.
Preparé el pecho ante el hastío de tanto circunloquio
las ventanas quedaron abiertas, el teatro se vació
las corbatas viejas, las camisas nuevas
mientras la brisa helaba los perros ladraban furiosos
rabiosos de caricias mal hechas y abandonos
de paisajes destruidos, de ciudades olvidadas.
Derramé sangre, nacieron golondrinas
la madre del óbito devoró el hambre y el sueño
lamió las heridas y acrecentó el dolor
ayer me encontré con la muerte
ayer me encontré con la muerte.
Aunque me quites el nacer
y me lleves a pasear por el tártaro
he de disfrutarte
oh ! muerte, solo te vivo una vez en la vida.
me encontré con la muerte
me encontré con la muerte.
Nos miramos fijamente cuando la cólera le atacaba la retina
ojos negros y profundos, perdidos en la nada
parecidos a los de mi madre, muerta, muerta, muerta
me encontré con la muerte.
La noche tartamudeaba, el viento la complacía
con caricias frias y fúnebres, pero caricias de amor, y muerte.
Me preguntó por la vida, por mañanas, tardes y sombras
el tanato azaroso, temerario e insolente
el serafín de negro con sonrisa fulgurante
el hombre que en antaño fue feliz
me encontré con la muerte.
me encontré con la muerte.
Preparé el pecho ante el hastío de tanto circunloquio
las ventanas quedaron abiertas, el teatro se vació
las corbatas viejas, las camisas nuevas
mientras la brisa helaba los perros ladraban furiosos
rabiosos de caricias mal hechas y abandonos
de paisajes destruidos, de ciudades olvidadas.
Derramé sangre, nacieron golondrinas
la madre del óbito devoró el hambre y el sueño
lamió las heridas y acrecentó el dolor
ayer me encontré con la muerte
ayer me encontré con la muerte.
Aunque me quites el nacer
y me lleves a pasear por el tártaro
he de disfrutarte
oh ! muerte, solo te vivo una vez en la vida.
jueves, 25 de julio de 2013
Solo con una imagen.
Voy pescando mañanas nubladas
desde inhóspitas nubes manchadas de gris.
Camino por pasillos de asfalto quebrajado
donde las raices quieren echar a andar.
El pasado se esconde detrás de los cuadros
mientras el otoño pacta una tregua con el viento.
Las pasiones se destilaron
se tiñeron de oscuros colores.
El destino me hundió
como tal hembra casquivana
en las postrimerías de Sísifo.
Me reflejé en los espejos del abuelo
con sueños descalzos y manchados.
Fuimos decadentes en un mundo ficticio
creado por infantes, poetas y algunos novelistas.
Solo me quedaba una carta de Poseidón
"Me debes tres meses de arriendo, muchacho", me decía.
Hoy se cumplía el plazo, debía desalojar.
Solo me quedé con una imagen;
la de la marea.
Llevándose mi vida, mis cosas
y mi castillo de arena.
desde inhóspitas nubes manchadas de gris.
Camino por pasillos de asfalto quebrajado
donde las raices quieren echar a andar.
El pasado se esconde detrás de los cuadros
mientras el otoño pacta una tregua con el viento.
Las pasiones se destilaron
se tiñeron de oscuros colores.
El destino me hundió
como tal hembra casquivana
en las postrimerías de Sísifo.
Me reflejé en los espejos del abuelo
con sueños descalzos y manchados.
Fuimos decadentes en un mundo ficticio
creado por infantes, poetas y algunos novelistas.
Solo me quedaba una carta de Poseidón
"Me debes tres meses de arriendo, muchacho", me decía.
Hoy se cumplía el plazo, debía desalojar.
Solo me quedé con una imagen;
la de la marea.
Llevándose mi vida, mis cosas
y mi castillo de arena.
viernes, 28 de junio de 2013
Un beso.
Solo dos minutos, bastaron para encontrarnos
con una mirada que sin saberlo nos ató
a las cuerdas del cielo, a la unión de las nubes invernales.
Buscamos refugios
invisibles para nosotros, concretos en su realidad
en donde la lluvia no nos pudiese tocar.
Fue inutil, perdimos la partida
pero no el final.
Le regalaste abrazos y caricias
mientras imaginaba tus ojos.
Para sonreir sin razón aparente
y por un momento, silenciar mi vida.
Sorprendido quedó el tiempo
y los perros que junto a nosotros caminaban.
La historia no lo tenía contemplado
ni Borges escrito en sus cuentos.
Fue un beso.
con una mirada que sin saberlo nos ató
a las cuerdas del cielo, a la unión de las nubes invernales.
Buscamos refugios
invisibles para nosotros, concretos en su realidad
en donde la lluvia no nos pudiese tocar.
Fue inutil, perdimos la partida
pero no el final.
Le regalaste abrazos y caricias
mientras imaginaba tus ojos.
Para sonreir sin razón aparente
y por un momento, silenciar mi vida.
Sorprendido quedó el tiempo
y los perros que junto a nosotros caminaban.
La historia no lo tenía contemplado
ni Borges escrito en sus cuentos.
Fue un beso.
martes, 4 de junio de 2013
Déjeme en el sur.
Nací de las migajas del mundo
frente a roquerios y gatos callejeros
entre mitos e historia de burdeles
donde la vida me invitaba a bailar.
Con los pies bañados en barro
pinté pasillos y recovecos
me llené de temores y ansias
que la lluvia me ayudó a limpiar.
Donde pajarillos son bemoles
de los tangos de Discépolo
y los cables partituras
de una canción de Yupanqui.
Aprendí a crecer en dictaduras
entre exilios y matanzas
aprendí a limpiar estrellas,
aprendí que largo es el olvido.
Cuerdo o realmente loco
junto a ladrones de ambiciones y poder
no me interesa perder el norte
porque en el sur me quedo yo.
frente a roquerios y gatos callejeros
entre mitos e historia de burdeles
donde la vida me invitaba a bailar.
Con los pies bañados en barro
pinté pasillos y recovecos
me llené de temores y ansias
que la lluvia me ayudó a limpiar.
Donde pajarillos son bemoles
de los tangos de Discépolo
y los cables partituras
de una canción de Yupanqui.
Aprendí a crecer en dictaduras
entre exilios y matanzas
aprendí a limpiar estrellas,
aprendí que largo es el olvido.
Cuerdo o realmente loco
junto a ladrones de ambiciones y poder
no me interesa perder el norte
porque en el sur me quedo yo.
viernes, 31 de mayo de 2013
¿Qué te hemos hecho Valparaíso?
Leyendo portales en internet, me reencontré con una noticia que no deja de
ser importante- en ningún aspecto- para la gente de Valparaíso. El cese del
funcionamiento de la libería Ivens, ubicada en la plaza Anibal Pinto.
La famosa y tradicional librería porteña, compañera de la fuente de Neptuno- diseñada en Francia por V. Dubray en 1856- cierra sus puertas. Con 111 años a cuesta, deja en el puerto y en su plaza, una historia que poco a poco se dispersa con mayor fuerza.
Valparaíso, ciudad de vagabundos, inventada por colores y enarbolada por peldaños imaginarios.
Piedra por recuerdos.
Hace algunos años, desde los cerros de la ciudad, se podían divisar sin ninguna dificultad la gran mayoría de los naves y barcos, que iban y venian al puerto, dibujando contornos en el manto del pacífico.
Hoy -desde esos mismos puntos- difícilmente se puede divisar el mar. Las masas de cemento se han tomado los cerros, la explosión inmobiliaria se ha adueñado de los distintos rincones de la ciudad.
¿Qué se puede hacer?. Lamentablemente casi nada.
Hace algunos años, Valparaíso comenzó a identificarse como un buen lugar en donde plasmar gigantes de piedra y asfalto, todo esto, bajo el disgusto y disconformidad de los habitantes del puerto, que veian frente a sus narices, la destrucción de su visual oceánica, la pérdida del sol. Los recuerdos barriales, haciéndose
piedra.
La Memoria.
Valparaíso se caracteriza y toma distintos matices dependiendo su ubicación, en este caso las plazas: Parque Italia, Plaza Victoria, Plaza O'higgins y Plaza Echaurren.
Sitios totalmente reconocidos por todos los habitantes del puerto principal, hogar de cientos de palomas y perros callejeros.
Me detendré en el deterioro de una imagen que seguramente pasa desapercibida por la gran parte de ciudadanos comunes y corrientes que visitan la ciudad puerto.
El "negro" Farias, famoso cantor popular, reconocido por ser el primero en registrar "La joya del pacífico" el clásico vals porteño de Víctor Acosta.
Conocido en los bares porteños, se ganó el apodo del "cantor más popular de Valparaíso". El "ruiseñor de los cerros porteños", el amante de la bohemia, calló su voz el 2007, a los 62 años.
Jorge Farías es homenajeado con una estatua ubicada en la Plaza Echaurren, conocida por todo porteño. Lamentablemente, se le ha visto totalmente rasgada, con clavos impregnados en sus orejas e incluso, manco.
¿Dónde queda la memoria?. ¿Qué hacemos nosotros por recuperar lo perdido y mantener lo establecido?. No encuentro respuesta.
Lo clásico.
Si tocamos el tema de lo clásico, tenemos que simplemente preguntarle a un turista, ¿qué es lo que quiere conocer?, seguramente nombrará muchos sitios y elementos, entre ellos, los ascensores.
Los ascensores además de ser un símbolo intrínseco de Valparaíso, son parte del Patrimonio de la Humanidad (UNESCO). Estos ascensores (30) fueron construidos entre 1883 y 1992, siendo actualmente, una cantidad reducida los que se encuentran en funcionamiento, ya sea por problemas técnicos o simplemente no existe un real cuidado o preocupación hacia su funcionamiento.
Las maquinarias que hacen funcionar a estos transportes, fueron traidas desde Alemania y el Reino Unido en el siglo XIX, lamentablemente tendrán que ser reemplazadas por nuevas, para que el funcionamiento pueda ser el mejor.
"Para la gente es un medio de transporte pero también asocian su identidad: cada uno de los que nació aquí en un barrio tiene un ascensor.” dice Camilo Vargas, conocido como el “hombre ascensor”.
Manos a la obra.
Se podría decir que Valparaíso es una ciudad como cualquiera otra, ya que tiene una historia que contar.
Sin embargo, Valparaíso no fue ideada por conquistadores, no siguió planos urbanos, no se hizo a semejanza de ninguna otra. Valparaíso es un mundo de encrucijadas e imaginarios, una amalgama de experiencias y recuerdos.
Podría nombrar infinitos elementos -buenos y malos- constitutivos de la ciudad, pero no tendría cabida en ninguna columna o simplemente dejaría muchos elementos fuera.
Aunque el cuestionamiento debiese ser otro, dejo hecha la pregunta. ¿Qué te hemos hecho Valparaíso?
"Pero este puerto amarra como el hambre, no se puede vivir sin conocerlo". Espero no defraudar al "Gitano".
La famosa y tradicional librería porteña, compañera de la fuente de Neptuno- diseñada en Francia por V. Dubray en 1856- cierra sus puertas. Con 111 años a cuesta, deja en el puerto y en su plaza, una historia que poco a poco se dispersa con mayor fuerza.
Valparaíso, ciudad de vagabundos, inventada por colores y enarbolada por peldaños imaginarios.
Piedra por recuerdos.
Hace algunos años, desde los cerros de la ciudad, se podían divisar sin ninguna dificultad la gran mayoría de los naves y barcos, que iban y venian al puerto, dibujando contornos en el manto del pacífico.
Hoy -desde esos mismos puntos- difícilmente se puede divisar el mar. Las masas de cemento se han tomado los cerros, la explosión inmobiliaria se ha adueñado de los distintos rincones de la ciudad.
¿Qué se puede hacer?. Lamentablemente casi nada.
Hace algunos años, Valparaíso comenzó a identificarse como un buen lugar en donde plasmar gigantes de piedra y asfalto, todo esto, bajo el disgusto y disconformidad de los habitantes del puerto, que veian frente a sus narices, la destrucción de su visual oceánica, la pérdida del sol. Los recuerdos barriales, haciéndose
piedra.
La Memoria.
Valparaíso se caracteriza y toma distintos matices dependiendo su ubicación, en este caso las plazas: Parque Italia, Plaza Victoria, Plaza O'higgins y Plaza Echaurren.
Sitios totalmente reconocidos por todos los habitantes del puerto principal, hogar de cientos de palomas y perros callejeros.
Me detendré en el deterioro de una imagen que seguramente pasa desapercibida por la gran parte de ciudadanos comunes y corrientes que visitan la ciudad puerto.
El "negro" Farias, famoso cantor popular, reconocido por ser el primero en registrar "La joya del pacífico" el clásico vals porteño de Víctor Acosta.
Conocido en los bares porteños, se ganó el apodo del "cantor más popular de Valparaíso". El "ruiseñor de los cerros porteños", el amante de la bohemia, calló su voz el 2007, a los 62 años.
Jorge Farías es homenajeado con una estatua ubicada en la Plaza Echaurren, conocida por todo porteño. Lamentablemente, se le ha visto totalmente rasgada, con clavos impregnados en sus orejas e incluso, manco.
¿Dónde queda la memoria?. ¿Qué hacemos nosotros por recuperar lo perdido y mantener lo establecido?. No encuentro respuesta.
Lo clásico.
Si tocamos el tema de lo clásico, tenemos que simplemente preguntarle a un turista, ¿qué es lo que quiere conocer?, seguramente nombrará muchos sitios y elementos, entre ellos, los ascensores.
Los ascensores además de ser un símbolo intrínseco de Valparaíso, son parte del Patrimonio de la Humanidad (UNESCO). Estos ascensores (30) fueron construidos entre 1883 y 1992, siendo actualmente, una cantidad reducida los que se encuentran en funcionamiento, ya sea por problemas técnicos o simplemente no existe un real cuidado o preocupación hacia su funcionamiento.
Las maquinarias que hacen funcionar a estos transportes, fueron traidas desde Alemania y el Reino Unido en el siglo XIX, lamentablemente tendrán que ser reemplazadas por nuevas, para que el funcionamiento pueda ser el mejor.
"Para la gente es un medio de transporte pero también asocian su identidad: cada uno de los que nació aquí en un barrio tiene un ascensor.” dice Camilo Vargas, conocido como el “hombre ascensor”.
Manos a la obra.
Se podría decir que Valparaíso es una ciudad como cualquiera otra, ya que tiene una historia que contar.
Sin embargo, Valparaíso no fue ideada por conquistadores, no siguió planos urbanos, no se hizo a semejanza de ninguna otra. Valparaíso es un mundo de encrucijadas e imaginarios, una amalgama de experiencias y recuerdos.
Podría nombrar infinitos elementos -buenos y malos- constitutivos de la ciudad, pero no tendría cabida en ninguna columna o simplemente dejaría muchos elementos fuera.
Aunque el cuestionamiento debiese ser otro, dejo hecha la pregunta. ¿Qué te hemos hecho Valparaíso?
"Pero este puerto amarra como el hambre, no se puede vivir sin conocerlo". Espero no defraudar al "Gitano".
viernes, 26 de abril de 2013
Amor a primera vista.
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
—quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún «lo siento»
o el sonido de «se ha equivocado» en el teléfono—,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
W. S.
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
—quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún «lo siento»
o el sonido de «se ha equivocado» en el teléfono—,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
W. S.
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