En tardes de desencuentros, de plazas desocupadas
de tardias fotocopias y avisos releidos.
Luego de clásicas canciones
de dinero malgastado y malos augurios.
De platos rotos y mesas rasgadas
quedaron los libros, con su excitante aroma.
Luego de mañanas frias y tardes tristes
de noches melancólicas, de morriña casual.
Dalí, Goya y Velázquez
de aulas, teatros y museos.
Cines, librerías, bares y bibliotecas
de paseos por el plan.
Sin buscarte, te vi
quizás te pensaba o solo fue el azar;
en un café.
"El arte es el esfuerzo incesante por competir con la belleza de las flores... sin triunfar jamás." Marc Chagall.
Por Encima de la Ciudad

Marc Chagall
miércoles, 14 de agosto de 2013
domingo, 11 de agosto de 2013
Entre los dos.
Cuéntame una historia, de lunas y alegrías
esas que escuchábamos de Serrano, Filio y García.
Que nos amarraban la piel
y la soltaban al día siguiente.
No quiero lamentarme, ni tampoco alegrarme
de esta vida sin jugo, exprimida a no más dar,
con la palma del trabajo y el yugo explotador
de una mente que de amor no conoció.
Entrégame una frase
una décima de colores,
que tengan la tintura de un París encendido,
por sonrisas, más que por luces callejeras contaminantes.
Quiero escuchar tus acordes, esos acordes caleidoscópicos
cambiantes al son del diurno pestañeo, que suban al cabello
y se queden impregnados en las calcetas de algodón
cosidas por la abuela de un triste cantautor.
Dime si estoy equivocado, si estoy listo pa' escapar,
abre la ventana para ver y tirarme al mar.
El mayo con su niebla y la luna extraña,
transformando al grillo en canta'or y al perro en baila'or,
mientras yo me inspiro.
En una historia digna de un simple escritor
que habla y sueña en blanco y negro,
una vida; entre los dos.
esas que escuchábamos de Serrano, Filio y García.
Que nos amarraban la piel
y la soltaban al día siguiente.
No quiero lamentarme, ni tampoco alegrarme
de esta vida sin jugo, exprimida a no más dar,
con la palma del trabajo y el yugo explotador
de una mente que de amor no conoció.
Entrégame una frase
una décima de colores,
que tengan la tintura de un París encendido,
por sonrisas, más que por luces callejeras contaminantes.
Quiero escuchar tus acordes, esos acordes caleidoscópicos
cambiantes al son del diurno pestañeo, que suban al cabello
y se queden impregnados en las calcetas de algodón
cosidas por la abuela de un triste cantautor.
Dime si estoy equivocado, si estoy listo pa' escapar,
abre la ventana para ver y tirarme al mar.
El mayo con su niebla y la luna extraña,
transformando al grillo en canta'or y al perro en baila'or,
mientras yo me inspiro.
En una historia digna de un simple escritor
que habla y sueña en blanco y negro,
una vida; entre los dos.
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